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Historia del seguro

 

El seguro tiene sus antecedentes primarios en civilizaciones tan antiguas como la griega y la romana, en donde se efectuaban préstamos a la gruesa, práctica en desuso, que consistía en que el prestamista entregaba dinero u otros bienes fungibles a un naviero para realizar transporte marítimo, obligándose el naviero a pagar al prestamista el precio del riesgo si el viaje concluía en feliz arribo a puerto, en caso contrario, si el barco naufraga o no llega a puerto, nada debe el naviero al mutuante (perdiendo capital e intereses).

Durante su travesía, las embarcaciones de transporte de mercancías se encontraban  expuestas a peligros como la piratería el hundimiento o el robo, por lo que, con el tiempo, los comerciantes tuvieron la necesidad de unirse a través de mutualidades para mitigar las perdidas, que permitía a los miembros hacen aportaciones o acciones que los beneficia recíprocamente. 

Posteriormente, los gremios medievales, establecieron asociaciones con fines caritativos, cuyos fondos servían para proteger a sus miembros contra las pérdidas sufridas por incendio, inundación o robo, denominadas “Guildas medievales”, las que se caracterizaban porque las primas no estaban en relación con las prestaciones. 

En Inglaterra, Dinamarca y especialmente en Alemania las denominadas Guildas tenían un carácter gremial e implicaba un compromiso de ayuda mutua en caso de incendio, robo o muerte de ganado. 

Tiempo después, durante la Época Moderna, aparece en Hamburgo, aproximadamente en el año 1500, una primera manifestación del seguro de daños, al conocerse la existencia de unas “Cajas” especiales de propietarios cuyo fin era exclusivamente agruparse para socorrerse en caso de incendio.r 

En 1549, Carlos V dicta la primera ley que regula con carácter de obligatorio el Contrato de Seguro Marítimo, y de ser normalmente representada por un individuo, pasa a tener la forma de entidades pluripersonales y sociedades anónimas. 

Más tarde en Inglaterra, surge un precedente del seguro, cuando el domingo 2 de septiembre de 1666, en una época inusualmente seca, se inició un incendio en el comercio de Thomas Farynor, panadero del rey Carlos II, sin embargo debido al viento y a que la mayoría de las casas hechas de madera contaban con techos cubiertos de paja como correspondía a la antigua construcción medieval, las llamas comenzaron a extenderse sin límites mientras la gente huía de sus casas, muchos se arrojaban al Támesis. Las piedras de la catedral de St. Paul estallaron por el calor y el plomo se derritió, corriendo por las calles. Los medios para combatir las llamas eran muy precarios y la única manera eficaz de parar el incendio fue demoler los edificios en buenas condiciones que se hallaban en su camino. Cuando el fuego se apagó, el espectáculo era terrible: 12,300 viviendas y 87 iglesias habían sido destruidas y miles de personas que habían perdido sus casas y sus negocios esperaban en los alrededores de la ciudad, sin comida y sin abrigo. 

Este lamentable accidente indujo a Nicholas Barbon a abandonar su profesión de médico e iniciar la reconstrucción de las viviendas arrasadas por el fuego, demostrando la imperiosa necesidad de asegurar las precarias construcciones de la época por lo que creó su propia compañía aseguradora contra incendios en 1667, la Fire Office. 

También en Inglaterra, particularmente en Londres, es donde se da mayor impulso al seguro, siendo los cafés los lugares donde generalmente se concertaban las operaciones de aseguramiento, relacionadas casi exclusivamente con el comercio y la trasportación marítima que derivaría en la creación de la Corporación Lloyd´s, constituida por disposición del Parlamento en 1871 como una compañía de seguros y una de las empresas más importantes del mundo. Dicha empresa aprovechó las circunstancias para elaborar estadísticas e investigar las probabilidades de pérdidas y riesgos en la navegación, de ahí por qué la ciudad de Londres llegó a ser el centro de los contratos de seguros. 

Por otra parte, el primer tipo de seguro indemnizatorio en caso de fallecimiento, que se conoce es el caso de los pagos por enterramiento que las sociedades religiosas grecorromanas proporcionaban a sus miembros. Ni estas sociedades religiosas, ni ningún sistema pre moderno de pago por defunción usaban cálculos actuariales. Se solían financiar a posteriori, es decir, los sobrevivientes sufragaban los costos del funeral una vez que estos habían sido pagados. Por ello, a veces no había fondos suficientes para cubrir todas las necesidades. 

Durante el siglo XVII, el seguro sobre la vida humana comienza a desarrollarse en medio de varias eventualidades, debido en que en aquellos días era difícil de calcular de antemano el costo real del seguro de vida. Surgen Las “Tontinas” como inventiva del banquero italiano llamado Lorenzo Tonti, quien propone la explotación por el estado francés de rentas vitalicias. El sistema de anualidad de Lorenzo Tonti, aunque de hecho se trataba de una forma de especulación, suele considerarse como el primero en utilizar las leyes de la probabilidad y el principio de la esperanza de vida para fijar las anualidades. 

Con este sistema, se constituían asociaciones de individuos que, al margen de su edad, creaban un fondo de contribuciones equitativas para cada miembro. El total se invertía, y al final de cada año el interés obtenido se repartía entre los supervivientes. El último superviviente recibía el interés logrado ese año y la totalidad del principal. Aunque este método no tuvo mucho éxito, fue una de las primeras semillas del seguro de vida. 

Como dato curioso, la primera póliza de seguro sobre la vida que se conoce, perteneciente a un londinense, William Gibbons en el año 1583 que, aunque la póliza cerró con la plegaria Mr. Gibbons, éste falleció dentro del mismo año. Solamente había pagado 32 libras de prima, sin embargo sus herederos recibieron el capital de 400 libras, por las que había sido asegurado”.


Fuente:
CONDUSEF, Diplomado en Seguros, Módulo 1, p. 12 – 13.


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